divendres, 19 d’octubre del 2018

Tipus de narradors


El narrador i el punt de vista from Msais


TIPOLOGÍAS SOBRE EL NARRADOR
ESQUEMA:

A.1 SEGÚN SU PARTICIPACIÓN EN LOS ACONTECIMIENTOS

A.1.1 Narrador Personaje: También se le conoce con el nombre de narrador homodiegético (ubicado dentro de la diégesis, o historia). En este caso, un personaje asume el papel de narrador y narra desde su perspectiva, por lo cual conoce los hechos desde su propia experiencia, como participante en ellos. De esta manera, su grado de conocimiento del mundo narrativo es parcial. Se reconocen tres tipos:

A.1.1.1 Narrador protagonista: El narrador protagonista es un narrador personaje que desempeña el rol principal del relato.

A.1.1.2 Narrador secundario: El narrador secundario es un narrador personaje sin la relevancia del protagonista.

A.1.1.3 Narrador testigo: El narrador testigo es un narrador pasivo, observador de los hechos. Puede ser un personaje que no participa de la acción o que narra los hechos luego de ocurridos, según lo que ve, escucha o le han contado. Su conocimiento de los hechos es limitado. Puede narrar utilizando una tercera persona gramatical, sin que desaparezca la primera, que lo posiciona como personaje.

A.1.2 Narrador no Personaje. También se conoce con el nombre de narrador heterodiegético (ubicado fuera de la diégesis, o historia). Narra en tercera persona gramatical. Se reconocen dos tipos: narrador omnisciente y narrador objetivo (v. punto A.4).

A.2 SEGÚN LA PERSONA GRAMATICAL QUE UTILICE

A.2.1 Narrador en Primera Persona: El narrador ocupa la primera persona gramatical, el yo, y habla de sí mismo.

Ejemplo:
“No es nada fácil para mí, desde la cama metálica reluciente de la clínica y bajo la doble vigilancia de la mirilla y del ojo de Bruno, reconstruir la humareda perezosa de los fuegos de hojarasca cachubas y los rayos oblicuos de una lluvia de octubre. Si no tuviera mi tambor, que, tratado con paciencia y habilidad, me va dictando todos los pormenores necesarios para verter al papel lo esencial, y si no contara además con la autorización del establecimiento para tocarlo de tres a cuatro horas diarias, sería yo ahora un pobre hombre sin abuelos conocidos.”
Günter Grass, El tambor de hojalata.

A.2.2 Narrador en Segunda Persona: El narrador se refiere a una segunda persona, tú, vosotros, usted, ustedes.

Ejemplo:
“Y mirá que apenas nos conocíamos y ya la vida urdía lo necesario para desencontrarnos minuciosamente. Como no sabías disimular me di cuenta enseguida de que para verte como yo quería era necesario empezar por cerrar los ojos...”
Julio Cortázar, Rayuela.

A.2.3 Narrador en Tercera Persona: El narrador alude a la tercera persona, él o ella, ellos o ellas.

Ejemplo:
“Nadie lo vio desembarcar en la unánime noche, nadie vio la canoa de bambú sumiéndose en el fango sagrado, pero a los pocos días nadie ignoraba que el hombre taciturno venía del Sur y que su patria era una de las infinitas aldeas que están aguas arriba, en el flanco violento de la montaña, donde el idioma zend no está contaminado de griego y donde es infrecuente la lepra.”
Jorge Luis Borges, Las ruinas circulares .

A.3. SEGÚN SU FOCALIZACIÓN O PERSPECTIVA

Existen tipologías de las «situaciones narrativas» que tienen en cuenta, a la vez, los datos del modo y la voz narrativa. No obstante, en ellas se produce una confusión entre la pregunta: ¿cuál es el personaje cuyo punto de vista orienta la perspectiva narrativa? Y otra pregunta muy distinta: ¿quién es el narrador?, o, en otras palabras, entre la pregunta: ¿quién ve? Y la pregunta: ¿quién habla?
Por eso conviene no tener en cuenta aquí sino las determinaciones modales, es decir, las que atañen a lo que suele llamarse el «punto de vista».

Las características de un relato están condicionadas por la perspectiva o focalización escogida por el narrador para contar los hechos, esto es, el lugar en que se ubica con respecto a los acontecimientos que va a narrar , su foco, o ángulo de visión.

Se llama perspectiva narrativa al modo de regulación de la información que procede de la elección (o no) de un «punto de vista» restrictivo.

Los puntos de vista, o focalizaciones, usados por el hablante narrativo pueden ser:


A.3.1 Focalización Cero : Se identifica con el narrador omnisciente , con la «visión por detrás», el narrador se sitúa por encima del mundo narrado. Se simboliza mediante la fórmula Narrador >Personaje , en que el narrador sabe más que el personaje o, dicho con mayor precisión, dice más de lo que sabe personaje alguno.

Ejemplo:
" Para siempre habría de recordar el instante en que hubo de abandonarla. Cada vez que la recordaba, sentía que su mundo interior se desplomaba y la angustia inundaba su ser".

A.3.2 Focalización Interna: Es la perspectiva en que Narrador = Personaje . El narrador no dice sino lo que sabe tal personaje: es el relato con «punto de vista» o con «campo limitado», es la «visión con». Si el relato está escrito en tercera persona se le considerará de focalización interna si se puede reescribir en primera persona sin que esa operación entrañe «ninguna otra alteración del discurso que el propio cambio de los pronombres gramaticales»: así, una frase como «James Bond divisó a un hombre de unos cincuenta años, de aspecto aún joven, etc.» es traducible en primera persona («divisé, etc.») y corresponde, por tanto, a la focalización interna.
La focalización interna puede ser fija, variable o múltiple :

A.3.2.1 Focalización interna fija: La focalización interna puede corresponder a la ubicación de un único personaje.

Ejemplo:
“Pues siendo yo niño de ocho años, achacaron a mi padre ciertas sangrías mal hechas en los costales de los que allí a moler venían, por lo cual fue preso, y confesó y no negó, y padeció persecución por justicia.”
Anónimo, El Lazarillo de Tormes .

A.3.2.2 Focalización interna variable: diversos personajes dan sucesivamente diversas perspectivas para relatar distintos acontecimientos de la historia.

Ejemplo:
“No sé cómo alcancé a decirle que era lo mismo, algo así, y escuché el ruido de la puerta al cerrarse y entonces me tapé la cabeza con las frazadas y qué le iba a hacer, a pesar de
os cólicos me mordí las dos manos y lloré tanto que nadie, nadie puede imaginarse lo que lloré mientras la maldecía y la insultaba y le clavaba un cuchillo en el pecho cinco, diez, veinte veces, maldiciéndola cada vez y gozando de lo que sufría y de cómo me suplicaba que la perdonase por lo que me había hecho.
Es lo de siempre, che Suárez, uno corta y abre, y en una de esas la gran sorpresa. Claro que a la edad del pibe tiene todas las chances a su favor, pero lo mismo le voy a hablar claro al padre, no sea cosa que en una de esas tengamos un lío. Lo más probable es que haya una buena reacción, pero ahí hay algo que falla, pensá en lo que pasó al comienzo de la anestesia: parece mentira en un pibe de esa edad. Lo fui a ver a las dos horas y lo encontré bastante bien si pensás en lo que duró la cosa. Cuando entró el doctor De Luisi yo estaba secándole la boca al pobre, no terminaba de vomitar y todavía le duraba la anestesia pero el doctor lo auscultó lo mismo y me pidió que no me moviera de su lado hasta que estuviera bien despierto.”
Julio Cortázar, La señorita Cora.


A.3.2.3 Focalización interna múltiple: Varios personajes describen, desde sus particulares perspectivas, el mismo acontecimiento.

Ejemplo:
“Por primera vez he visto un cadáver. Es miércoles, pero siento como si fuera domingo porque no he ido a la escuela y me han puesto este vestido de pana verde que me aprieta en alguna parte. (...) No he debido traer al niño. No le conviene este espectáculo.
A mí misma, que voy a cumplir treinta años, me perjudica este ambiente enrarecido por la presencia del cadáver. (...) Vine. Llamé a los cuatro guajiros que se han criado en mi casa. Obligué a mi hija Isabel a que me acompañara. Así el acto se convierte en algo más familiar, más humano, menos personalista y desafiante que si yo mismo hubiera arrastrado el cadáver por las calles del pueblo hasta el cementerio.”
Gabriel García Márquez, La hojarasca .


A.3.3 Focalización Externa: Se simboliza mediante la fórmula Narrador < Personaje. El narrador dice menos de lo que sabe el personaje: es el relato «objetivo» o «conductista», que corresponde a la «visión desde fuera». El héroe actúa ante nosotros sin que en ningún momento se nos permita conocer sus pensamientos ni sus sentimientos.

Ejemplo:
"– Ven acá, Héctor, que aquí te espero – gritó, rojo de furor, Aquiles.
– Ya voy, por los dioses que ya voy – replicó Héctor mientras retrocedía velozmente.
Entonces Aquiles arrojó su broncínea lanza, la cual atravesó el escudo y la armadura del troyano, el cual cayó de rodillas en el campo, arrojando lejos de sí su espada."

A.4.1 Narrador de Conocimiento Total (u omnisciente): Asume la posición de un dios que todo lo sabe y, por ello, es capaz de dar a conocer lo que los personajes sienten, ven, oyen, piensan o desean, y aun lo que ellos como personajes ignoran sentir o desear. Conoce simultáneamente los pensamientos de varios personajes. La superioridad del narrador omnisciente se manifiesta también en el conocimiento que posee del pasado y del futuro de los personajes.
Se puede distinguir dos tipos históricos de narrador omnisciente que coexisten en la literatura contemporánea:

A.4.1.1 Narrador omnisciente tradicional: característico de la época clásica, que narra con un conocimiento total los avatares del mundo humano, pero de forma distante y desapegada, sin emitir juicio alguno acerca de los hechos que relata.

Ejemplo:
“Se miró las manos llenas de arañazos. Se miró las piernas flacuchentas y los pies enormes en los zapatos de tenis, (...) y se avergonzó de sí misma. Un impulso la hizo correr a la casa, con el corazón aturdiéndola por el golpeteo sordo de la emoción. Llegó a su pieza anhelante (...), ardiendo las mejillas, deslumbrados los ojos.”
Marta Brunet, Francina.

A.4.1.2 Narrador omnisciente personal: característico de la novela del siglo XIX, que emite frecuentes juicios y largas digresiones acerca de las circunstancias del mundo narrado.


Ejemplo:
“A los padres de la niña les interesaban mucho los espíritus de los muertos y alrededor de ellos mantenían largas conversaciones con otros aficionados. En cambio las almas de los vivos no les despertaban la menor curiosidad. Para ellos sus hijos, sus criados, sus peones y sus amigos eran como si no tuviesen alma.”

Carmen Lyra, Los diez “viejitos” de Pastor

A.4.2 Narrador de Conocimiento Parcial o Limitado:

También se puede distinguir dos tipos de narrador de conocimiento parcial o limitado según
su participación en los acontecimientos:

A.4.2.1 Personaje (homodiegético): Es un narrador personaje , ya sea personaje protagónico, secundario o pasivo, como es el caso del narrador testigo. En todos estos casos, siendo personaje del mundo, su conocimiento es relativo al aquí y ahora de su existencia en el mundo, y por tanto es parcial o limitado.

A.4.2.2 No personaje (heterodiegético): es un narrador objetivo , que como una voz en off describe los actos de los personajes, pero ignora sus pensamientos y la historia previa a los hechos. Sólo es capaz de informar aquello que ve o escucha, como una cámara de cine.

Ejemplo:
“Ya de regreso en la casa de la abuela, Lucas se tiende cerca del seto del jardín, a la sombra de los zarzales. Espera. Un vehículo del ejército se detiene delante de la casamata de los guardias fronterizos. Unos militares descienden de él y depositan en el suelo un cuerpo envuelto en un toldo de camuflaje. Un sargento sale del barracón, hace una señal y los soldados desenvuelven el toldo.”

Agota Kristof, La prueba.




dijous, 18 d’octubre del 2018

El regal de Reis


El regal de Reis     O. Henry     ( Traducció d’Enric Iborra )

Un dòlar i vuitanta-set centaus. Això era tot. I d’aquests centaus, seixanta eren monedes d'un cèntim. Cèntims estalviats un a un barallant-se amb el botiguer, amb la verdulera i amb el carnisser fins a posar-se roja davant l’acusació silenciosa d’avarícia que implicava un regateig tan obstinat. Della els va comptar tres vegades. Un dòlar i vuitanta-set centaus. I l’endemà era Nadal.
Evidentment, no hi havia res a fer llevat de deixar-se caure en el sofà petit i miserable i posar-se a plorar. I això és el que va fer Della. La qual cosa suggereix com a reflexió moral que la vida està feta de llàgrimes, sospirs i somriures, amb predomini dels sospirs.
Mentre la dona de la casa va passant a poc a poc de la primera etapa a la segona, fem una ullada a la casa, un d’aquests pisos moblats de vuit dòlars a la setmana. No era exactament un lloc miserable, però el departament municipal de mendicitat l’hauria descrit així.
A baix, al vestíbul de l’entrada, hi havia una bústia on ningú no deixaria cap carta, i un timbre elèctric que cap dit faria sonar. També, al costat d’aquell timbre hi havia una targeta amb el nom de «Sr. James Dillingham Young».
Els «Dillingham» havien arribat fins allí portats pel vent d’un anterior període de prosperitat, quan el cap de família guanyava trenta dòlars a la setmana. Ara, quan els ingressos havien baixat a vint dòlars, les lletres del «Dillingham» estaven pensant seriosament de contraure’s en una D modesta i sense pretensions. Però sempre que el senyor James Dillingham Young tornava a casa i obria la porta del pis, la senyora Della Dilllingham Young, que ja us ha estat presentada com a Della, l’acollia amb tot d’abraçades i besos mentre li deia «Jim». Tot això està molt bé.
Della va deixar de plorar i es va empolvorar les galtes. Es va quedar dreta al costat de la finestra i va contemplar melangiosament un gat gris que es passejava sobre una tanca grisa en un pati gris. Demà era Nadal i només tenia un dòlar i vuitanta-set centaus per  comprar un regal per a Jim. Havia passat mesos estalviant cada cèntim, i aquest n’era el resultat. Amb vint dòlars a la setmana no es pot fer gran cosa. Les despeses havien estat més elevades del que havia calculat. Sempre ho són. Només un dòlar i vuitanta-set centaus per  comprar un regal per a Jim. El seu Jim. Havia passat hores molt bones pensant en alguna cosa per a ell que fos bonica. Alguna cosa bella, de qualitat, especial, alguna cosa que mereixés l’honor de pertànyer a Jim.
Entre les finestres de l’habitació hi havia un espill de cos sencer. Potser alguna vegada heu vist un espill d’aquests en un pis de vuit dòlars. Una persona molt prima i àgil, observant la seua imatge reflectida en una ràpida seqüència de franges longitudinals, pot fer-se una idea molt precisa del seu aspecte. Della, com que era esvelta, havia arribat a dominar aquest art.
De sobte es va apartar de la finestra i es va plantar davant de l’espill. Els ulls li lluïen intensament, però abans de vint segons la seua cara va perdre el color. Amb un gest ràpid es va desfer els cabells i els va deixar caure tot al llarg de l’esquena.
Els Dillingham Young tenien dues coses de què tots dos se sentien molt orgullosos. L’una era el rellotge d’or de Jim, que havia estat del seu pare i del seu avi. L’altra eren els cabells de Della. Si la reina de Saba hagués viscut al seu mateix replà, més d’un dia Della s’hauria rentat els cabells i s’hauria abocat a la finestra per eixugar-se’ls amb la brisa, només per mostrar el poc valor que, comparades amb els seus cabells, tenien les joies i els regals de Sa Majestat. I si el rei Salomó hagués estat el conserge, amb tot de tresors apilats al soterrani, Jim s’hauria tret el rellotge de la butxaca cada vegada que passés davant d’ell només per veure com s’estirava la barba d’enveja.
Els cabells esplèndids de Della li van caure sobre els muscles, onejants i refulgents com una cascada d’aigües fosques. Li arribaven fins als genolls i l’embolcallaven com una túnica. Tot seguit, amb un gest nerviós i ràpid, se’ls va tornar a recollir. Va vacil•lar un moment i es va estar dreta mentre una llàgrima o dues s’esclafaven sobre la gastada catifa roja.
Es va posar la jaqueta vella i fosca; es va posar el vell barret també fosc. I amb una revolada de faldilles i amb aquella lluïssor encara als ulls, va obrir nerviosament la porta i va baixar les escales que donaven al carrer.
On es va deturar hi havia un cartell que deia: «Madame Sofronie. Cabells de tota mena.» Della va pujar les escales a corre-cuita i quan va arribar al pis que buscava es va quedar immòbil, panteixant. La Madame, ampla, massa blanca, glacial, tenia un aspecte que no es corresponia amb el nom de «Sofronie».
—Em compraria els cabells? —va preguntar Della.
-Compre cabells —va dir la Madame—. Lleve’s el barret i els farem una ullada.
Della es va desfer els cabells, que van caure com una cascada de color castany.
—Vint dòlars —va dir la Madame, sostenint la massa de cabells amb mà experta.
—Done-me’ls de seguida —va dir Della.
Oh, les dues hores següents van transcórrer volant en ales rosades. Disculpeu la metàfora, tan vulgar. Della va anar de botiga en botiga, cercant un regal per a Jim.
Al final el va trobar. De segur que havia estat fet per a Jim i per a ningú més. No n’hi havia cap com aquell en cap de les botigues, i les havia regirades totes, una per una. Era una cadena de rellotge, de platí, de disseny senzill i sobri, que proclamava el seu valor pel que era i no per cap ornamentació de mal gust, com tot allò que és bo de veres. Era digna del rellotge de Jim. Així que la va veure va saber que havia de ser per a ell. Era com ell: discreta i valuosa. La descripció podia aplicar-se a tots dos. Li’n van cobrar vint-i-un dòlars i se’n va tornar a casa amb els vuitanta-set centaus. Amb aquella cadena al rellotge, Jim podria mirar l’hora a cada moment, fos amb qui fos. Perquè, encara que el rellotge era molt bo, de vegades Jim es mirava l’hora d’amagat a causa del cordó vell de cuiro que feia servir en comptes d’una cadena.
Quan Della va arribar a casa, l’excitació va deixar pas a una certa prudència i moderació. Va treure les tenalletes d’arrissar els cabells, va encendre el gas i es va posar a reparar els desperfectes que la generositat i l’amor havien causat. Cosa que sempre representa, benvolguts amics, una feinada enorme, una feinada titànica.
Al cap d’uns quaranta minuts tenia el cap cobert de rulls minúsculs i atapeïts. Semblava un xiquet que ha fet fugina d’escola. Es va mirar a l’espill, amb deteniment i ull crític.
—Si Jim no em mata —es va dir—, abans de mirar-me per segona vegada, dirà que semblo una corista de Coney Island. Però, què podia fer sinó? Què podia fer amb un dòlar i vuitanta-set centaus?
A les set el cafè estava a punt, i la paella, col•locada sobre l’estufa calenta, estava preparada per fregir-hi les costelles.
Jim no arribava mai tard. Della va estrènyer la cadena en la mà tancada i es va asseure en un cantó de la taula, prop de la porta per on ell entrava sempre. Aleshores va sentir els seus passos al capdavall de l’escala, en el primer replanell, i va empal•lidir per un moment. Tenia el costum de resar en silenci per qualsevol cosa i en aquell moment va murmurar: «Déu meu, fes que em trobi encara bonica.»
La porta es va obrir. Jim va entrar i la va tancar darrere seu. Se’l veia prim i molt seriós. Pobre xicot, només tenia vint-i-dos anys i ja havia de carregar amb una família. Necessitava un abric nou i anava sense guants.
Quan va ser dins, Jim es va quedar immòbil com un gos quan olora el rastre d’una guatlla. Tenia els ulls fits en Della, i hi havia en ells una expressió que ella no aconseguia entendre, i que li va fer por. No era ira, ni tampoc sorpresa, ni desaprovació, ni horror, ni cap dels sentiments per als quals s’havia preparat. Es limitava a mirar-la de fit a fit amb una expressió estranya.
Della es va alçar i se li va apropar.
—Jim, estimat —va exclamar—, no em mires així. M’he tallat els cabells i els he venut perquè no hauria suportat que passés aquest Nadal sense fer-te un regal. Ja em tornaran a créixer… et té igual, veritat? No he tingut més remei. A mi els cabells em creixen molt de pressa. Digues «Bon Nadal!», Jim, i siguem feliços! No pots imaginar-te quin regal més bonic, quina cosa més bona i més bonica t’he comprat.
—Que t’has tallat els cabells? —va preguntar Jim amb esforç, com si no entengués encara el que passava, tot i l’enorme esforç mental que acabava de fer.
—Me’ls he tallat i els he venut —va dir Della—. Però veritat que t’agrado igual? Veritat que continuo sent la mateixa sense els cabells?
Jim va mirar per l’habitació amb curiositat.
—Dius que ja no tens els cabells?—va dir, amb una cara mig idiota.
—No cal que els busques —va dir Della—. Els he venut, ja t’ho he dit, els he venut, això és tot. És la Nit de Nadal, estimat. Porta’t bé amb mi, que ho he fet per tu. Encara que algú pogués comptar els meus cabells un a un —va continuar amb una dolçor sobtada i tendra—, ningú no podria comptar mai el meu amor per tu. Pose les costelles al foc , Jim?
Passada la primera sorpresa, Jim va semblar despertar ràpidament. Va abraçar la seua Della. Mirem discretament durant deu segons en una altra direcció, cap a algun objecte indiferent. Vuit dòlars a la setmana o un milió a l’any… quina diferència hi ha? Un matemàtic o una persona intel•ligent us donaran una resposta equivocada. Els Reis d’Orient portaven regals molt valuosos, però aquest no el tenien. Aquesta afirmació obscura ja s’aclarirà més endavant.
Jim es va treure un paquet de la butxaca de l’abric i el va deixar sobre la taula.
—No penses malament de mi, Dell —va dir. Cap tall, ni cap afaitada o rentada de cabells poden fer que la meva xica m’agradi menys. Però si desemboliques aquest paquet veuràs perquè al principi m’he quedat sense dir res.
Uns dits blancs i destres van deslligar el cordill i van retirar el paper. I aleshores es va sentir un crit d’alegria i desmai; i després, ai!, un canvi ràpid i femení a llàgrimes i laments histèrics, per als quals va caldre recórrer als poders consoladors de l’home de la casa.
Perquè allà, damunt de la taula, hi havia les pintes: el joc de pintes —les dels costats i la de darrere— que durant molt de temps Della havia contemplat amb un sentiment d’adoració en un aparador de Broadway. Eren unes pintes molt boniques, de carei autèntic, amb les vores adornades de brillants, justament del color que millor li anava als seus bells cabells desapareguts. Eren unes pintes cares, ella ho sabia, i el seu cor havia sospirat per elles, encara que sense la més petita esperança d’aconseguir-les mai. I ara eren seues, però les trenes que havien de dur aquells adorns tan anhelats havien desaparegut.
Della les va estrènyer contra el pit i, finalment, va ser capaç d’alçar els ulls, amb una mirada humida, i va dir somrient:
—El cabell em creix molt de pressa, Jim!
I aleshores Della va fer un bot com un gat escaldat i va cridar:
—Oh, oh!
Jim no havia vist encara el seu magnífic regal. Della li’l va mostrar ansiosament sobre la palma de la mà oberta. El metall preciós i mat semblava lluir com si fos un reflex del seu esperit radiant i apassionat.
—No et sembla meravellosa, Jim? He recorregut la ciutat de punta a punta per trobar-la. Ara hauràs de mirar l’hora cent vegades cada dia. Dóna’m el rellotge. Vull veure com li para.
En lloc d’obeir, Jim es va estirar en el sofà, es va posar les mans al bescoll i va somriure.
—Dell —va dir—, deixem ara els nostres regals de Nadal. Són massa bonics per a fer-los servir en aquest moment. He venut el rellotge per comprar-te les pintes. I ara, què et sembla si poses les costelles al foc?

Els Reis d’Orient, com ja sabeu, eren uns savis —uns homes meravellosament savis— que van portar regals al Nen en el pessebre. Ells van inventar l’art de fer regals per Nadal. Com que eren savis, els seus regals sens dubte també ho eren, i potser fins i tot es podien canviar en cas de tenir-los repetits. Us he explicat aquí, com he pogut, la història sense importància de dos joves sense trellat, que vivien en un pis i que, de la manera més absurda, van sacrificar, l’un per l’altre, els dos millors tresors que tenien. Per acabar, diguem als savis d’avui dia que, de tots els qui fan regals, aquests dos eren els més savis. De tots els qui fan i reben regals, els més savis són els éssers com Jim i Della. A tot arreu són els més savis. Ells són els Reis d’Orient.


dimecres, 17 d’octubre del 2018

Malson en groc


Fredric Brown       Malson en groc  


Va despertar quan va sonar el despertador, però es va quedar estès al llit durant una estona després d'haver-lo apagat, repassant per última vegada els plans que tenia per fer un desfalc al matí i cometre un assassinat a la nit.
Havia pensat en tots els detalls, però els estava donant el repàs final. Aquella nit, a les dues quaranta i sis minuts, seria lliure, en tots els sentits. Havia escollit aquell moment perquè complia quaranta anys, i aquella era l'hora exacta en què havia nascut. La seva mare havia estat molt aficionada a l'astrologia, raó per la qual coneixia tan exactament l'instant del seu naixement. Ell no era supersticiós, però la idea que la seva nova vida comencés exactament als quaranta anys li semblava divertida.

En qualsevol cas, el temps se li tirava a sobre. Com a advocat especialista en successions i custòdia de patrimonis, passaven molts diners per les seves mans... I una part no n’havia sortit. Un any enrere havia "agafat prestats" cinc mil dòlars per invertir-los en alguna cosa que semblava una manera infal·lible de duplicar o triplicar els diners, però els havia perdut. Després havia "agafat prestat" una mica més, per jugar, d'una manera o una altra, i tractar de recuperar la primera pèrdua. En aquell moment hi havia ni més ni menys que més de trenta mil; el desquadrament només podria seguir ocultant-lo uns pocs mesos més, i no li quedaven esperances de poder restituir els diners que faltaven per llavors. De manera que havia estat reunint tot l'efectiu que va poder sense despertar sospites, liquidant diverses propietats que controlava, i aquella tarda tindria diners per escapar; de l'ordre de més de cent mil dòlars, prou per a la resta de la seva vida.


I no l'atraparien mai, havia planejat tots els detalls del seu viatge, el seu destí, la seva nova identitat ... i era un pla a prova d'errors. Portava mesos treballant-hi.


La decisió de matar la seva dona havia estat gairebé una ocurrència d'última hora. El motiu era simple: l'odiava. Però després de prendre la decisió de no anar mai a la presó, de suïcidar-se si arribaven a arrestar-lo alguna vegada, es va adonar que, ja que moriria de totes manera si l'atrapaven, no tenia res a perdre si deixava una esposa morta després d'ell en lloc d'una viva.


Gairebé no havia pogut contenir el riure davant l’adequat regal d'aniversari que ella li havia fet el dia anterior, avançant-se a la data: una maleta nova. També l'havia convençut per celebrar l'aniversari deixant que ella fos a buscar-lo al centre per sopar a les set. Poc s'imaginava ella com aniria la celebració després d'allò. Planejava portar-la a casa abans de les vuit i quaranta i sis per satisfer el seu sentit del que era apropiat i esdevenir un vidu en aquell moment exacte. El fet de matar-la també tenia un avantatge important. Si la deixava viva i adormida, quan despertés i descobrís la seva desaparició, endevinaria de seguida què havia passat i trucaria a la policia. Si la deixava morta, trigarien un temps a trobar el seu cos, possiblement dos o tres dies, i disposaria de molt més avantatge.


Al despatx, tot va anar com la seda; quan va anar a reunir-se amb la seva dona, tot estava llest. Però ella es va entretenir amb els aperitius i el sopar, i ell va començar a dubtar de si li seria possible tenir-la a casa a les vuit i quaranta-sis. Sabia que era ridícul, però el fet que el seu moment de llibertat arribés llavors i no un minut abans ni després s'havia tornat important. Va mirar el rellotge.


Fallat per mig minut si esperava a ser dins de la casa, però la foscor del porxo era perfectament segura, tan segura com l'interior. La porra va baixar un cop amb totes les seves forces, just mentre ella estava de peu davant la porta esperant que ell obrís. La va agafar abans que caigués i va aconseguir sostenir-la amb un braç mentre obria la porta i tornava a tancar-la des de dins.


Llavors va prémer l'interruptor, l'habitació es va omplir de llum groga, i abans que s'adonessin que sostenia la seva dona morta en els braços, els convidats a la festa d'aniversari van cridar a cor:


-¡Sorpresa! 




dimarts, 16 d’octubre del 2018

Ja no puc més


JA NO PUC MÉS  Del llibre Tretze Tristos Tràngols d'Albert Sánchez Piñol (La Campana, 2008)

«De manera que el final és això; arriba quan menys t’ho esperes i de cop, i s’ha acabat», pensa l’esquimal quan topa amb l’ós. No té res a fer contra aquella muntanya de carn peluda. Els homes són molt petits i els óssos polars molt grans. Fa mig dia que ronda buscant foques, està cansat, els braços li pesen i avui el caçat serà ell.
La proximitat de la mort fa que rememori la seva vida. Els episodis transcendents li passen per davant dels ulls en un lapse ínfim, lligats com nusos en una corda.
Era feliç fins que el seu germà es va casar. En aquelles latituds buides no hi havia prou dones i ell es va quedar solter. L’arribada de la cunyada va convertir la seva existència en un infern. El marit l’estimava, els fills l’estimaven, els sogres l’estimaven. I no és que ella no estimés l’esquimal, o que l’esquimal no l’estimés a ella, però amb aquell matrimoni va passar de ser el primogènit a ser una nosa. Els amors paternals i fraternals van desviar-se i el van abocar al racó dels destronats tolerats. Havia sortit de casa després de la vigèsima disputa amb el germà. Preferia desfogar- se contra les foques que contra el germà. En un món tan petit només pots odiar qui estimes.
   L’ós fa que tot plegat sembli efímer. Morirà i allò serà tot. Però la ràbia que acumula no s’ha esvaït i es projecta contra l’amenaça immediata: «Moriré lluitant en lloc de fugint», es diu l’esquimal. Ningú no tindrà notícies de la seva mort valenta. Ell, almenys, sabrà que ha acabat els seus dies amb un acte de coratge. En lloc de fugir ataca l’ós en una càrrega suïcida, els braços oberts i cridant.
  Una situació desesperada pot crear-ne d’insòlites. Qui gira cua és l’ós! L’esquimal és el primer esquimal que descobreix un aspecte ocult de la mentalitat dels óssos polars: estan tan acostumats a ser ells els perseguidors, a ser el terror de la vida, que quan algú els ataca es destaroten i, per si de cas, fugen.
  Durant una bona estona l’esquimal acaça l’animal, bramant i feliç. Ha transitat de l’agonia a l’eufòria en uns instants. Mai no havia tingut una perspectiva tan clara i obscena de les natges d’un ós. Sí, és divertit.
  Fins i tot experimenta. Pot dirigir la ruta de l’ós: si avança en una trajectòria que s’inclina lleugerament a la dreta respecte l’eix de la cua, l’ós gira uns graus a l’esquerra; i a l’inrevés, igual que la proa d’una barca segons si el rem la impulsa per una banda o per l’altra.
 Després, es cansa. La barreja d’alegria i fatiga es transforma en una mena de borratxera. Ha estat un dia extraordinari i esgotador. Sua tant que la capa d’aire que queda entre la roba i la pell sembla una bombolla líquida. La millor estratègia seria buscar un revolt on perdre l’ós de vista, girar cua i fugir abans que la bèstia s’adoni que ha estat víctima d’una enganyifa.
  Però quan troba un indret propici apareix una anciana. Què hi fa, allà? Vés a saber. Com que la dona és tan a prop, l’ós no pot evitar desviar-se contra una presa tan temptadora. Per bé que li fallin les forces l’esquimal no vol tenir sobre la seva consciència la mort d’una vella venerable:
  –Corri! –crida accelerant el pas–. Jo el distrauré. Corri, bona dona!
No, ja no és gens divertit. La dona s’allunya amb la lentitud pròpia de la seva edat. L’esquimal esperona i foragita l’ós, que gruny i remuga, obligat a seguir endavant per culpa d’aquella amenaça difusa. «Una mica més», es diu l’esquimal, «una mica més.»
  Un vell truc esquimal per afrontar un problema consisteix a substituir-lo per un de superior. L’esquimal intenta no pensar en l’ós ni en el seu cos exhaust. Pensa en el que li espera quan torni a casa. Les discussions amb el germà, els retrets dels pares, els silencis que li recriminen que no tingui dona, els nebots per a qui només és el tiet, figura devaluada del pare. Ella, tan bonica, tan propera i tan llunyana. Hi pensa, i continua fustigant el monstre. Quan el cor li vol petar arriba a paratges coneguts, sempre amb l’ós al davant com si fos un nas.
De cop i volta, el paisatge s’omple de boletes grises. Nens. Jugant jugant s’han allunyat de casa. A l’esquimal li salten les llàgrimes. Els fèmurs li semblen barres de ferro, els genolls li cruixen com neu trepitjada. I doncs? Permetrà que un ós mati una criatura? Les caputxetes que duen l’entendreixen.
  –Escapeu-vos! De pressa!
  Dels pulmons li surt una ranera que l’ós replica, frustrat, però sense deixar de córrer davant seu. Sembla mentida que els nens puguin ser tan petits. I tan lents. Les figuretes s’equilibren amb els braços oberts, alçant els genolls perquè els peus surtin de la neu. Si vol assegurar-se que són fora de l’abast de l’ós haurà de conduir-lo una estona més.
  L’esquimal fa uns crits que són gemecs. L’ós pot aturar-se en qualsevol moment, preguntant-se perquè corre, i el devorarà sense que pugui oferir cap resistència. Està en mans d’un instint estúpid. I encara no s’ha acabat.
Una dona. Busca els seus fills sense saber que corren, més enllà. Atònita, topa amb un ós perseguit per un home. «Mira que n’és, de bonica», pensa l’esquimal, és la cosa més diferent a la neu que hagi vist mai. Aquella visió de bellesa li dóna una espurna de força, alça les mans i buida els pulmons:
  –Fuig d’aquí! Ja no pot ni parlar. Amb un dit assenyala la direcció que han pres els nens. Ara corre amb el llom doblegat i trontollant. Si no perd l’equilibri és perquè fa servir els braços com un ocell les ales. I per fi arriba al llac glaçat.
  Al centre hi ha una esquerda en forma d’ungla. Un home hi pesca. Està d’esquena a l’ós i a l’esquimal. Els sorolls fan que es giri. L’home veu l’ós que l’assalta com una allau d’ullals. L’home veu l’esquimal que persegueix l’ós, es miren a la cara tots dos. L’esquimal fa dues passes i cau de genolls:
  –Germà! –clama i deplora–. Ja no puc més.